Ferran Adrià, El Bulli, Congreso Culinaria Castilla-La Mancha

Yadira Vianey Olvera

Nacida el 14 de febrero de 1978 en la Ciudad de México, mi vida se entrelazó con el campo y la tradición desde muy temprana edad.

A los 14 años, mi hogar se convirtió en el hermoso pueblo de Nanacamilpa, Tlaxcala, donde mis raíces se profundizaron en la tierra fértil de mis ancestros.
En ese rincón mágico, el olor a leña y campo se convirtió en mi esencia. Las manos arrugadas de mis abuelos, que me ofrecían té cuando la pancita dolía o la fiebre aquejaba, se convirtieron en el abrazo cálido que me envolvía. El sabor a tierra mojada y el aroma a masa y sudor de quienes me rodeaban se convirtieron en el perfume del amor.
Los tlacoyos rellenos de frijol, haba y papa, acompañados de salsa molcajeteada, fueron el inicio de mi amor por el comal y la olla de barro. La gastronomía se convirtió en mi forma de honrar a mis raíces y a la enorme familia que me vio crecer.
Fiestas grandes con música, comida y pulque, amaneceres fríos que se calentaban con el sol reluciente entre los maizales verdes, todo eso se convirtió en parte de mi ser. Ahora, con una deliciosa gastronomía centrada en el sazón y esencia de mi linaje femenino ancestral, busco compartir ese amor y conexión con la naturaleza que tanto me inspira.
El ranchito es más que un lugar; es un conjunto de aromas, sabores, texturas, colores y sonidos que me conectan con mi esencia. Es el trabajo arduo de mis padres, que cuidan de sus tierras y cosechas con dedicación. Es el aroma del barro y la creatividad de los artesanos. Es la unión de la comida y la naturaleza, un reflejo de mi amor por las raíces que me nutren.
Mi amor por la cocina y el campo. En cada plato que preparo, en cada aroma que se desprende de la tierra, hay una historia de amor y dedicación. Quiero que conozcas y saborees la experiencia única de disfrutar de los sabores del campo, de sentir la conexión con la naturaleza y la tierra que nos da vida. Quiero que te sientas como yo me sentí cuando era niña, rodeada de mi familia y la belleza del campo. Quiero que disfrutes de cada bocado, de cada aroma, de cada momento en el ranchito. Porque cuando compartimos la comida y la naturaleza, compartimos un pedacito de nosotros mismos y creamos recuerdos que duran toda la vida.

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